Los horarios y la disciplina

Los horarios y la disciplina
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Aunque la mayoría de los convenios colectivos y/o sectoriales recogen cuál debe ser la jornada de trabajo de los trabajadores y trabajadoras adscritos al mismo, pero a pesar de quedar soberanamente claro, existen muchas dudas respecto a cuál debe ser la duración efectiva de nuestra jornada de trabajo.

En el caso de España es un tema especialmente delicado, por la tradición que existe sobre la prolongación de las jornadas de trabajo más allá de lo razonable, que tal y como hemos comentado en estas páginas en innumerables ocasiones, redunda en una menor productividad.

Adicionalmente este suele ser también un tema tabú que no en todas las ocasiones se suele consultar a nuestros superiores, porque muchos de los que no lo hacen consideran que ante sus ojos, deberían alargar la jornada laboral que practican. Algo que podríamos encarar con la gestión eficaz del tiempo y una actitud de constante mejora de tareas y/o procesos.

En mi opinión, el realizar una jornada de trabajo menos prolongada no es sinónimo de una menor disciplina, sino de una mayor capacidad de organización y una mayor eficacia, tal y como se entiende en la mayoría de los países europeos, porque no por 'calentar' más la silla conseguiremos trabajar más y mejor.

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Imagen | vinotecalabuenavida

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    • Yo estuve en un trabajo en el que se valoraban las horas que estabas, pero que se llegaban a pagar horas, en negro, pero se pagaban, y la gente lo que hacía era enredar para que te quedara trabajo y poder hacer horas. Yo, procuraba organizar mi jornada y salía a la hora que tenía que salir. Me empezaron a mirar mal y por esta y alguna otra razón me echaron con despido improcedente e indemnización de siete mil euros. Así están las cosas. Como nos trataban como niños, una vez que un encargado me vio mano sobre mano cuando faltaba una hora para salir. Me mandó a la presencia del jefe. El jefe me pegó la bronca y tras oír toda suerte de menciones a que era un gandul, que allí no se estaba para pagar a perezosos, le demostré con números que mi trabajo ya había terminado, y que no podía seguir haciendo más porque mis compañeros estaban alargando su jornada y no podía seguir. Como si le hablas a una pared, me siguió amenazando.

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